7 medidas para cuidar el Medio Ambiente

25.06.2020

La Tierra es un planeta rico y nos ofrece sus recursos, es nuestra responsabilidad preservarlo. Los humanos somos parte del "problema" del planeta: el consumo, la industria y la contaminación son obra nuestra y tienen un gran impacto sobre el medio ambiente. Carecemos de la información precisa y necesaria, y frecuentemente no somos conscientes de lo que afecta nuestra actividad diaria, en términos ecológicos, en el deterioro del planeta.

Siempre que sea posible, debemos cambiar los patrones de consumo e integrar en nuestra rutina hábitos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, con el objetivo de reducir la contaminación. Sólo así lograremos reconducir el calentamiento global.

Desde Solideo os animamos a realizar 7 sencillas prácticas que protegen el medio amiente y combaten el efecto invernadero. Seguramente muchas las hemos incorporado ya en nuestro día a día.

¡Salvemos el planeta!

1. Reciclar

Sin duda es una de las formas más sencillas de contrarrestar lo mucho que "ensuciamos". En el artículo donde comentamos prácticas para reducir la contaminación, como evitar el uso de plásticos y ahorrar el consumo de agua. Hablamos que la gestión de los residuos es crucial, fácil de llevar a cabo y que es uno de los principales modos que tenemos a nuestro alcance, de manera individual, para ser respetuosos con el medio ambiente.

Quedan pocas localidades en el país en la que esta práctica no pueda realizarse: depositar en contenedores diferenciados los desechos del hogar. Es importante entender y estar atentos a la información y normativa sobre medidas de reciclaje, y compartirla con familia, amigos, vecinos. Es necesario separar cristal, plástico, papel, restos orgánicos, medicamentos, calzado y ropa, muebles y trastos, componentes eléctricos (bombillas, pilas, baterías, CD...) y aceite usado. Tenemos a nuestra disposición, en la mayoría de los casos, contenedores específicos, puntos limpios o verdes y servicios de recogida a domicilio a través de los ayuntamientos. No existe ninguna excusa razonable para no separar y reciclar, y comportamientos incívicos como dejar basura en la vía pública o depositarla en contenedores incorrectos ya no deberían ocurrir.

Reciclar también significa darle otro uso a cosas que queremos desechar o alargar la vida de algunos objetos. ¿Tienes una silla rota? ¿Una lámpara que ya no te gusta, pero funciona? Dale vida, dale otro uso. Piensa antes de tirar trastos si tienen opción de restaurarse, regalarse o servir para otro uso distinto.

El objetivo es común para todos: producir menos basura, reducir el consumo de material contaminante y depositar cada resto según su origen o composición en el contenedor o lugar adecuado. Reciclar es una de las formas más inteligentes de cuidar el planeta.

2. Ahorrar agua de la cisterna

Se estima que en 2050 habrá escasez de agua, si seguimos al mismo ritmo de crecimiento de la población mundial y no empezamos cuanto antes a realizar un consumo racional del agua. Es crucial que tomemos conciencia del mal uso o desperdicio del agua como medida de ahorro, no solamente a nivel particular sino para contribuir globalmente a preservar este bien necesario y tan preciado.

Entre las medidas más básicas, pero menos frecuentes para ahorrar agua en el hogar, se encuentra el consumo de nuestra cisterna. A menudo nos centramos en otras prácticas ahorrativas, como realizar lavadoras completas en lugar de media carga, no lavar el suelo a manguerazos, optar por ducha en lugar del baño o a instalar grifos que reducen el caudal; olvidamos que también se "consume" muchos litros de agua desechada por el inodoro.

Hay que decir que en los inodoros modernos ya se incorpora un dosificador, pero si necesitamos reducir la carga podemos recurrir al viejo truco del falso volumen: se trata de introducir en la cisterna un objeto estanco con cierto volumen, como por ejemplo una botella de plástico llena de agua. El efecto es que se reduce exactamente esa cantidad de agua en la cisterna y por lo tanto se ahorra por cada tirada. Por poner un ejemplo práctico: una botella de 1 litro en la cisterna supone un ahorro diario de unos 15 litros para un hogar de tres personas. En un año, el ahorro ascendería a unos 5.000 litros, que en euros rondaría los 30€ en función de la población. Ahora, multipliquemos el ahorro en agua por los habitantes del planeta.

Otra práctica sencilla es adquirir el hábito de reciclar el agua que empleamos para lavar: llenar una balda, garrafa o cubo de agua para vaciar el inodoro en lugar de desperdiciarla sin más. Sencillo, ¿verdad? El agua que usamos para fregar platos puede almacenarse en una balda y el agua sucia del cubo de fregar puede servir también. La carga del inodoro estándar es de unos 10 litros de media. Un cubo de fregar puede rondar lo mismo. Si volvemos al cálculo matemático, estamos hablando de un ahorro de agua inmenso a nivel mundial. 

3. Apoyar las energías renovables 

Las energías alternativas a nuestro alcance son respetuosas con el medio ambiente. Aplicarlas en nuestro hogar no solo significa un ahorro considerable en términos económicos, sino que demuestra que estamos tomando conciencia medioambiental.

En el planeta disponemos de hasta siete fuentes de energía renovable, lo único es que no todas son aprovechables pues varía en función del país. En España disponemos de tres grandes fuentes de energía verde: la hidráulica, la eólica y la solar.

A nivel industrial se aplican las tres y convierten el movimiento de aire o agua, junto con la captación de rayos solares, en energía sostenible, limpia y autóctona.

A nivel residencial, también podemos generar energía renovable: placas solares para calentar el agua y para producir energía eléctrica, aerogeneradores para producir energía eólica con diferentes aplicaciones, biomasa para sustituir el gas, el gasoil o la electricidad para obtener calefacción... éstas son las alternativas más populares para ahorrar y reducir el consumo de nuestros suministros habituales.

En nuestro artículo sobre cómo ahorrar dinero en la factura de la luz te ofrecemos cinco ideas o trucos que son fácilmente adaptables a la mayoría de los hogares.

Está en nuestras manos evolucionar hacia un consumo más ecológico y sostenible mediante el apoyo a las energías renovables.

4. Evitar el consumismo, especialmente de ropa

Si te preguntas qué tiene que ver comprar ropa con el calentamiento global, te ofrecemos unas cifras: la industria de la moda es inmensa y produce cada año alrededor de 100.000 millones de prendas a nivel mundial. Su huella contaminante es proporcional. La mala noticia es que, si seguimos con esta tendencia -especialmente en Occidente- de consumismo, cada vez compraremos más ropa, pero le daremos una vida útil cada vez menor.

Las predicciones para el año 2030 son de un aumento de hasta un 50% en consumo de agua, la huella de carbono mundial aumentará a casi 3.000 toneladas y los residuos hasta las 150 toneladas. Una huella demasiado grande y peligrosa para nuestro planeta. ¿Cómo frenarlo? Replantearnos el ritmo de consumo en los países donde se ha convertido en un verdadero problema.

Maneras de ser más conscientes:

  • medir nuestro ritmo de consumo y grado de consumismo, con franqueza
  • ser críticos con el impacto publicitario y entender el mensaje, no siempre es para nosotros
  • agotar la vida útil de las cosas
  • autocrítica: pensemos en la imagen que proyectamos

No ir "a la moda" no significa la falta de buen gusto en la vestimenta, ni la austeridad es necesariamente una mortificación ni sinónimo de pobreza ni dejadez ni suciedad. Buscar prendas baratas en mercadillos, sean nuevas o de segunda mano, no debería vincularse a nada negativo, puede responder sencillamente a tener mayor conciencia ecológica.

Puedes seguir unas normas básicas para tener un armario "ético", independientemente de tu presupuesto en ropa:

  • Da valor y cuida la ropa que ya tienes.
  • Compra menos y elige mejor.
  • Apuesta por la calidad.
  • Apoya las marcas de ropa éticas.
  • No tires la ropa, recicla: vende o dona las prendas que no vas a usar.

Siendo más conscientes del consumismo desmedido y del verdadero efecto de la moda podremos minimizar -entre todos- el impacto medioambiental asociado a la industria textil.

5. Reducir el consumo de carne

Según concluye un estudio realizado por la Universidad de Oxford en Inglaterra junto con el Instituto Agroscope de Suiza, "dejar de consumir carne o leche de vaca es una de las acciones más efectivas que los consumidores pueden realizar para combatir el cambio climático."

El ganado en general y las vacas en concreto, producen una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero, al digerir sus alimentos. Además, provocan deforestación, pues se necesita de grandes campos abiertos para el pasto, especialmente en Sudamérica.

Incluso la ONU advierte que para frenar el calentamiento global es esencial la reducción del consumo de carne, además de implementar medidas en contra de la deforestación y en favor del uso sostenible de la tierra.

La gestión de pasturas y la cría de razas más productivas también son necesarias. Algunos analistas afirman que el cambio de producción cárnica por campos de cultivo tampoco serían una panacea, del mismo modo que no es posible en muchos casos cambiar una granja por un campo de cultivo. En términos de deforestación y sus efectos en el medio ambiente, no siempre es la solución para ofrecer a la población fuentes de proteína alternativas.

Otro factor que se maneja es la trazabilidad de los productos: etiquetados convenientemente con información veraz sobre su origen, nos permitiría poder optar por ejemplo por la compra de carne proveniente de productoras locales, con menor impacto ambiental.

Si bien convertirse en vegetariano o vegano puede responder a una razón ética y totalmente personal, hay que tener claro que no es la solución universal para "salvar el planeta", aunque tenga un impacto ambiental distinto. No existe una fórmula definitiva para evitar el efecto invernadero, pero es importante reducir las emisiones de la ganadería en el planeta, esto es algo en lo que coinciden todos los países que investigan en el efecto invernadero.

Si bien no existe organismo ni autoridad mundial que pueda obligarnos o decirnos qué debemos o no comer, sí que existe una gran cantidad de estudios, informes y consejos que apoyan globalmente la dieta equilibrada, que contenga alimentos de origen vegetal y de origen animal producidos de forma sostenible.

Si nunca lo has probado y quieres entretenerte en descubrir cómo afecta cada comida o bebida al medio ambiente, puedes encontrar calculadoras en Internet que te informan con datos y comparativas interesantes, como descubrir la equivalencia de 3 cafés diarios en kilómetros recorridos por un coche (contaminación) o cuantos litros de agua invertidos hay detrás de su producción. Calcula tu huella de plástico, el CO2 que hay detrás de los alimentos consumidos o las equivalencias de tu dieta y el efecto invernadero.

6. Usar las papeleras y contenedores

Es una práctica responsable y sencilla que debemos inculcar a las generaciones siguientes. Usarlas y, además, correctamente, porque una papelera no es un contenedor.

Hace años -y todavía es así en algunos países-, no había papeleras en la vía pública. Ahora forman parte del mobiliario urbano y rural. Basta con visitar otros lugares para observar cómo la conciencia de la población varía, en cuanto a la limpieza vial. Podríamos hablar de educación y de conciencia, porque no tirar cosas al suelo, recoger excrementos de mascotas y usar debidamente papeleras y contenedores, debería estar integrado en nuestro modo de pensar y actuar. Somos responsables de nuestra basura, cuidemos nuestro entorno.

Tirar papeles en la papelera, además de garantizar la limpieza del suelo, permite reciclar y por consiguiente frenar el talado de árboles. Expliquemos a los pequeños de casa la importancia de este gesto.

En nuestros paseos y excursiones a la naturaleza, parques, bosques, prados, montañas, playas... recojamos toda la basura y restos que hayamos generado, con atención extrema a plásticos y vidrios, que además de ser tóxicos pueden provocar daños graves como por ejemplo lesiones a personas y animales, incendios, etc.

Las cosas más habituales que a veces encontramos tiradas a nuestro paso tardan una eternidad en desaparecer. ¿Conoces el ciclo de vida de un simple folio? ¿De un chicle?

Papel: un folio de papel blanco tarda alrededor de 1 año en desaparecer. Si llueve, quizá lo haga antes.

Chicle: el chicle se endurece y adhiere a la superficie, queda como una piedra. Necesita unos 5 años para desintegrarse del todo. Observa el suelo de cualquier calle y detecta las manchas negras que en gran mayoría son chicles.

Lata de refresco: producidas con aluminio y muy prácticas por su ligereza y resistencia. El problema lo tiene el bosque cuando trata de eliminarla. Ha de pasar por un larguísimo proceso de oxidación y ciclos de lluvia para que termine desapareciendo: unos 10 años.

Cartón de zumo, leche, caldo: su composición lleva cartón, plástico y aluminio. Eso le aporta una vida de hasta 30 años. Cuando veas un tetrabrik en el suelo, deposítalo en una papelera, estás haciendo un gran bien.

Bolsa de plástico: lo sabemos, la mejor alternativa a esta pieza tan tóxica es sustituirla por una reciclable y usar cartón o tela. Una simple bolsa del supermercado no ecológica dura ¡entre 150 y 300 años! Si la usas, recicla o desecha en el contenedor correcto.

Botella de plástico: son prácticas e inocuas para nuestra salud, pero resistentes y por ellos más que terribles para el medio ambiente, pues tardan hasta 4.000 años en desaparecer. Sí, has leído bien.

Juguetes: incluso una simple muñeca abandonada puede tardar hasta 100 años en desaparecer. La mayoría de los juguetes llevan plásticos y componentes que soportan la acción del agua y de los rayos solares.

Calzado: especial mención para el calzado deportivo, que es el que más se fabrica con gomas y materiales sintéticos. Estos ingredientes nunca desaparecen, solo se reducen...

Pilas: es importante depositarlas en los contenedores específicos y no mezclarlas con otros restos en la basura, porque contienen productos químicos peligrosos. Si se rompen, liberan su "veneno". Imagina el daño que supone tirar una pila en un entorno natural. Tardan entre 500 y 1.000 años en perder su forma y desparecer (¿del todo?).

7. Usar envases biodegradables  

En nuestro artículo sobre cómo reducir la contaminación (LINK art 13) también hablamos de la urgente necesidad de reducir el consumo de plásticos. El plástico, igual que el aluminio, son materiales que sin duda han contribuido a facilitar el envasado y nos ha aportado practicidad entre otros beneficios, la pega es que están inundando el planeta y representan un grado de toxicidad elevado para flora, fauna y mares.

Además de los consejos para reducir el uso de plásticos, aquí queremos compartir las opciones de envases biodegradables que encontraremos en el mercado. Los materiales biodegradables son los que están fabricados en su mayor parte de productos orgánicos, por lo tanto se reciclan o degradan de modo "natural" sin la necesidad de la intervención humana: el calor del sol, la lluvia, las bacterias, el viento, la humedad y los hongos se encargan de hacerlos desaparecer. Los residuos, además, pueden ser utilizados para compostar, resultan perfectos como abono para plantas.

En el mercado podremos encontrar envases diseñados con diversos fines, producidos a base de cartón, hoja de palma, madera, fibra vegetal, bambú o bioplástico. Los envases fabricados con bioplásticos son también, pese a su nombre, una alternativa sostenible: provienen de recursos vegetales como la caña de azúcar o el almidón de patata. El PHA o polihidroxialcanoato se obtiene con la fermentación de materia prima vegetal usando ciertas cepas de bacterias.

Los envases biodegradables producen menos residuos, se precisa normalmente menos energía para su fabricación, son renovables al 100%, pueden usarse como fertilizantes, no alteran el sabor ni el olor de los alimentos, ni contienen sustancias químicas perjudiciales. Son una excelente opción para contribuir a preservar el medio ambiente.

Solideo tiene el compromiso de destinar el 1% de sus beneficios en ONGs y Fundaciones que se dedican a la limpieza de los océanos. Porque forma parte de nuestro ADN, hacer todo aquello que está en nuestras manos, para dejar un planeta mejor a nuestros hijos. 

WhatsApp: 648 693 387 | Teléfono: 933 991 644 | Email: info@solideo.es


Solideo, forma parta de la asociación UNEF, que tiene por objetivo impulsar la tecnología y la innovación para un mundo más sostenible

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